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La experiencia del Concurso

No hace ni un mes, a primera hora de la tarde, recibí una llamada de esas que uno no espera, no por la persona que le llama, sino por el motivo de su llamada. Tras el habitual saludo, llegó la pregunta: ¿Quieres ser jurado en el Concurso de Elegancia que organiza el club CAVA (Club de Aficionados a los Vehículos Antiguos)? Mi sorpresa fue mayúscula. Mi primera reacción fue pensar que no tenía suficientes conocimientos y que tal honor no me correspondía. Pero bueno, pensé que si me lo habían ofrecido sería por algo, así que acepté gustosamente.

Llegó el gran día

A medida que se acercaba la fecha, tenía sensaciones encontradas. Una parte de mí estaba ansiosa porque llegara el gran día, por ver los carros, … sabía que podía hacerlo y que estaría a la altura, pero otra parte de mí me decía que no tendría los conocimientos o el criterio para juzgar cada carro adecuadamente. Mi familia y amigos me animaban y una vez llegado el gran día, ya no había marcha atrás, el show del Concurso de Elegancia, tenía que empezar.

El viernes por la mañana llegué al Museo del Chicó de la mejor forma posible, con un clásico. Desde mi partida de Barcelona, no había manejado ninguno y las ganas de volver ha hacerlo eran mayúsculas. Pese a que apenas fueron un par de kilómetros y la mayoría en trancón, esos 10 minutos me recargaron las pilas y me prepararon para el fin de semana. El Museo del Chicó lo conocía, sabía de la belleza de sus jardines, sin duda un marco ideal para tan glamuroso evento. Pero me sorprendió el nivel de los primeros carros que vi. En aquel momento quizás sólo había 1/3 parte de  todos los que llegarían después, pero con esos pocos, ya era suficiente para ver el gran nivel del evento. Para relajarme e intimar con cada uno de ellos, empecé a tomar fotos, observando sus líneas, sus detalles y dándome cuenta una vez más de que los carros nuevos, comparados con los clásicos, no valen nada. Ya por la noche, junto a mi esposa y rodeados de amigos, disfrutamos del fantástico Cocktail que en el mismo museo se organizó. Una vez en casa, intentar dormir y no pensar en el mañana fue todo un reto.

Valoración

A las 8:30am ya estaba de nuevo en el Chicó y tras recibir las instrucciones de cómo valorar cada coche y de los premios que había que otorgar, empecé mi ronda coche por coche. Primero empecé por los modelos Pre-Guerra o farolas por fuera como les dicen acá. Reconozco que no son los autos que más me apasionan, pero valoro muchísimo el que haya gente que los conserve. Luego seguí con los carros de los años 40 en adelante. Primero me fijaba en sus líneas. Me comentaron que por encima de todo había que valorar su elegancia y que luego me fijara en otros detalles como el estado, la originalidad,… Según iba viendo carros, me daba cuenta que la cosa estaba complicada. El estado de todos los carros era sumamente bueno, por lo que entonces decidí ser un poco más exigente con el fin de reducir un poco el número de candidatos a cada premio. En mi lista iba sólo apuntando aquellos modelos que más me gustaban, una vez analizado sus líneas, su pintura, el estado de su latonería, el interior,… pero también le dí mucha importancia a la presentación del carro, valorando que su propietario hubiera tenido el detalle de ambientar su carro con algo de la época. Por citar un ejemplo, me gustó mucho el detalle de la botella de licor en el Rolls Royce Silver Wraith o la vestimenta de la época de los propietarios del Dodge Séneca. Durante la valoración también disfruté mucho hablando con alguno de los propietarios, que me contaban la historia del carro, sus anécdotas,… aunque la imposibilidad de poder hablar con cada uno de los dueños, hizo que no tuviera en cuenta sus historias a la hora de valorar el coche. Una vez finalizada toda la ronda y sin darme cuenta, habían pasado dos horas y media. Ahora sólo quedaba esperar al domingo para discutir con el otro juez los ganadores.

La elección

Alrededor del mediodía nos citamos con el otro juez y empezamos a discutir, categoría por categoría, cual sería el ganador. Él ya lo tenía bastante claro, pero yo tenía 4 o 5 posibles candidatos por categoría. Lo bueno es que prácticamente coincidimos en un 90% de los candidatos. En la categoría de Pre-Guerra, a ambos nos gustó el Chevrolet del 26. Estaba recién restaurado y mantenía toda su originalidad, incluso sus rines de madera. Para el premio al mejor sedan también coincidimos plenamente. Nuestro elegido fue el Packard LeBaron “One Eighty”. Qué maravilla de carro y lo más sorprendente, conservado en un estado fantástico. Ya desde fuera uno sentía esos olores tan particulares de los carros clásicos y veía el desgaste en la tapicería, todos sus cromados, lujos,…impresionante. Y justo en el momento de entregarle el premio, me enteré de que había sido un coche presidencial. Más motivo aún para recibir este merecido premio. Aunque también me gustaron mucho el Rolls Silver Wraith y el Lincoln Zephyr. En los convertibles hubo un poco más de discordancia con el otro juez. Mis principales preferidos eran el Jaguar XK120, el Austin Healey 3000 y el Mercedes Pagoda rojo pero también había un Stingray Amarillo, los dos Fiat Spyder, el BMW 2002 Baur o el Ford Thunderbird rojo. Finalmente el premio recayó en el Stingray Amarillo. Y para terminar tocaba escoger un Coupé. La cosa estuvo entre el Jaguar XK150 y uno de los Porsche 911. Tanto yo como el otro juez somos apasionados de Porsche, yo como redactor de una revista Porsche y él como coleccionista y restaurador. Así que ambos decidimos escoger uno de los Porsche. La cosa estaba complicada, había buenas piezas y tuvimos que ir descartando. El 996 GT3 Mk1 era espectacular, pero decidimos descartarlo por ser un modelo de los años 2000. Para el resto tuvimos que hilar muy fino y finalmente, por modelo, por año y por historia, escogimos el 911 2.4 S de 1972.

Una vez hecha toda nuestra selección, nos dijeron que escogiéramos también el mejor carro del evento y el premio Meguiar’s. Como la lucha por el mejor Coupé había sido tan reñida entre el XK150 y el 911, decidimos otorgarle el premio de Best of Show al Jaguar. Para el premio Meguiar’s y teniendo en cuenta de que es una marca de productos de limpieza, escogimos el Ford Mustang GT gris. Nos gustó su estado tanto exterior como interior aunque bien es cierto que en el concurso no había carro que no destacara por ello.

Una vez en casa, me puse a pensar en cada uno de los carros, sobre todo en los que más me habían gustado o sorprendido. Muchos de ellos no ganaron, pero creo que el hecho de haber sido seleccionados para participar en un evento así, ya es suficiente premio. Eran 102 carros para 6 premios, por lo que seguramente es imposible no ser algo injusto. Desde mi punto de vista, había en cada categoría dos o tres carros que se merecían por igual el premio, pero al final teníamos que escoger uno y eso fue muy difícil. Por mi parte me llevé una experiencia fantástica, una más de las muchas que he tenido el placer de vivir dentro del mundo de los carros y motos clásic@s. Espero que esta no sea la última en Colombia…Estoy seguro que no lo será.

Me despido agradeciendo a CAVA su confianza, la misma que también me depositó el Porsche Club Colombia y su presidente. Igualmente agradecer aquellos que compartieron parte de sus historias conmigo durante los dos días del evento. Hasta pronto…

 

 

 

 

 

 

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